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Las censuras a Gabriela Mistral

Cuando se nombra a Gabriela Mistral, las personas suelen evocarla, generalmente, en su relación con la poesía donde los protagonistas son los niños. Un caso de ello son las rondas famosas a nivel mundial y enseñadas incluso en los colegios. Por años ha sido encasillada en esa temática poética, además de resaltar algunos de sus poemas místicos o cercanos a una connotación religiosa. Poco o nada se dice de sus poemas con ribetes eróticos y amatorios, que no son los menos. Aunque muchos puedan negarlo, el sexo es parte importante de la obra mistraliana. Como bien plantea el ensayista Eduardo Vassallo, en su libro La carnicería de Gabriela Mistral, durante años se ha impuesto lo que él llama la “lectura fiscal” de Gabriela Mistral, despojándola de su esencia de mujer total en su dimensión carnal y espiritual.

“Poco o nada se dice de sus poemas con ribetes eróticos y amatorios, que no son los menos. Aunque muchos puedan negarlo, el sexo es parte importante de la obra mistraliana”.

Compromiso social y político

Por otro lado, otro tanto sucede con sus textos en prosa, artículos y columnas de opinión publicadas en distintos diarios de Chile y el extranjero, donde se destaca, además de la calidad de su prosa, su compromiso social y político a favor de los más desposeídos. Incluyendo, por ejemplo, una defensa de Sandino y críticas a las políticas de Estados Unidos en Latinoamérica. El pensamiento crítico de la poeta, aunque se diga lo contrario, ha sido censurado por décadas en universidades y colegios, incluyendo a especialistas en su obra, pretendiendo convertirla solo en una especie de maestra inmaculada (en el sentido religioso) ajena a todo conflicto y compromiso social. De acuerdo con Vassallo, esto sucede porque Gabriela Mistral ha sido elegida por el Estado como una especie de símbolo conciliador, un modelo público y privado ajeno a los conflictos y a los defectos. Preguntado por qué razón cree que se la eligió a ella para esto, responde:

“Si se detiene en Vicuña Mackenna con la calle Curicó, se encuentra con la “Caja de Compensación Gabriela Mistral”, si da la vuelta, en una calle corta, se puede tratar una muela en la “Clínica Odontológica Gabriela Mistral”; en la botillería más cercana puede comprar un “pisco Mistral”, un poco más allá un “cuaderno Mistral” para ir luego a la “Universidad Gabriela Mistral”. ¿Qué significa esto? Que finalmente se ha logrado la oferta de su imagen. Es decir, hasta el mundo privado de los negocios ha traficado con su imagen por el lustre que ella significa –reduciéndola a logo– para sus intereses financieros y de lucro, con total beneplácito del Estado, quien demuestra suma habilidad para recaudar IVA a través de esta “mercancía”. No hay que olvidar que Gabriela Mistral proviene del interior del espacio estatal, es casi su creatura. Es presa del símbolo de la pobreza revertida por medio de la educación pública, una de las grandes políticas de Estado de fines del siglo XIX y comienzos del XX, tan perceptible, por ejemplo, en la llamada Escuela Normal; digamos que es la graduada más ilustre de toda esa gran tarea que tanto benefició a Chile”.

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